Imagina que tienes una duda sobre alimentación. Puedes consultar a un profesional de la nutrición que lleva años estudiando el tema o abrir TikTok y encontrar a alguien que asegura tener la solución en un vídeo de cuarenta segundos.
La segunda opción es más rápida, entretenida y fácil de entender.
Además, esa persona parece cercana. Habla directamente a la cámara, cuenta experiencias personales y responde a sus seguidores como si fueran amigos.
Quizá no conozcas su formación, pero tiene dos millones de seguidores.
Y, sin darte cuenta, ese número comienza a parecerte una garantía de credibilidad.
Esta situación refleja uno de los cambios más importantes de nuestra cultura digital: los influencers están ocupando espacios de autoridad que antes asociábamos principalmente con profesionales, investigadores, periodistas y especialistas.
No significa que todos los creadores de contenido carezcan de conocimientos. Muchos son expertos auténticos que han encontrado en las redes una forma extraordinaria de compartir lo que saben.
El problema aparece cuando confundimos tres cosas diferentes: ser conocido, comunicar bien y tener razón.
Porque internet ha conseguido que prácticamente cualquier persona pueda construir una audiencia. Lo que todavía no ha conseguido es que todas las afirmaciones populares sean verdaderas.
Cuando la popularidad comenzó a parecerse a la autoridad
Durante mucho tiempo, cuando necesitábamos información especializada, buscábamos a alguien con preparación en un área concreta.
Para una cuestión médica, acudíamos a un profesional sanitario.
Para comprender un problema legal, consultábamos a un abogado.
Para aprender sobre historia, leíamos a investigadores o profesores especializados.
Eso no significaba que todos los expertos fueran infalibles ni que las instituciones merecieran confianza automática. Siempre existieron profesionales equivocados, intereses comerciales y personas que utilizaban sus títulos para aparentar una autoridad superior a sus conocimientos.
Pero había una distinción relativamente clara entre alguien que sabía mucho sobre un asunto y alguien que simplemente era famoso.
Las redes sociales han debilitado esa separación.
Ahora cualquiera puede convertirse en una voz de referencia
Una persona puede empezar publicando vídeos de entretenimiento y reunir una audiencia enorme.
Después comienza a opinar sobre alimentación, inversiones, educación, política o salud mental.
Sus seguidores ya confían en ella porque llevan meses o años viendo sus publicaciones.
Así, la confianza creada en un terreno termina extendiéndose a otros completamente distintos.
Un creador puede ser excelente explicando tecnología y no tener preparación suficiente para dar consejos médicos.
Un deportista puede conocer muy bien su experiencia de entrenamiento y no estar cualificado para recomendar tratamientos.
Y alguien con una historia personal inspiradora puede ofrecer un testimonio valioso sin que sus resultados puedan generalizarse a miles de personas.
Tener influencia en un tema no convierte automáticamente a nadie en especialista de todos los demás.
Esa parece una distinción evidente, pero en internet la olvidamos con demasiada facilidad.
Los datos muestran que los creadores ya forman parte de nuestra manera de informarnos

No estamos hablando solamente de una impresión personal.
El crecimiento de los creadores informativos puede observarse en las investigaciones sobre consumo de noticias.
Según el Digital News Report 2026 del Instituto Reuters, de la Universidad de Oxford, el 27 % de las personas encuestadas en los mercados analizados había recibido noticias de creadores especializados en información durante la semana anterior.
El informe también encontró que el público suele considerar a estos creadores más entretenidos, cercanos y fáciles de entender que los medios tradicionales.
Sin embargo, en promedio, los participantes los percibían como menos confiables e imparciales.
¿Han sustituido por completo a los periodistas?
No.
Y este matiz es fundamental.
El mismo informe encontró que solamente una minoría dependía exclusivamente de los creadores para informarse.
En el promedio de los mercados estudiados, apenas un 3 % afirmaba recurrir únicamente a creadores para sus noticias.
Por tanto, sería incorrecto concluir que las redes han reemplazado completamente al periodismo profesional.
Lo que sí está cambiando es la forma en que las personas descubren y reciben información.
Los influencers participan cada vez más en una conversación que antes estaba dominada por medios, instituciones y especialistas.
En Estados Unidos, un estudio de Pew Research Center de 2025 encontró que el 21 % de los adultos consultados recibía regularmente noticias de influencers especializados en actualidad.
Entre los adultos de 18 a 29 años, la proporción ascendía al 38 %.
Son datos de una población concreta y no deben aplicarse automáticamente a todo el mundo.
Pero muestran que, especialmente entre las generaciones jóvenes, la persona que aparece hablando frente a una cámara se ha convertido en una puerta importante de acceso a la información.
¿Por qué confiamos tanto en alguien que no conocemos personalmente?
Existe una paradoja interesante.
No conocemos a la mayoría de los influencers que seguimos.
No sabemos cómo trabajan, cómo seleccionan sus fuentes ni qué conocimientos poseen fuera de lo que muestran públicamente.
Sin embargo, a veces sentimos que los conocemos mejor que a un profesor, un médico o un periodista.
¿Cómo ocurre?
La familiaridad produce una sensación de cercanía
Cuando vemos repetidamente a una persona, comenzamos a reconocer su manera de hablar, sus gestos y su personalidad pública.
Escuchamos historias sobre su vida.
Vemos sus errores, sus celebraciones y sus dificultades.
Esa exposición puede generar una sensación de familiaridad.
En psicología y estudios de comunicación se utiliza el concepto de relación parasocial para describir ciertos vínculos unilaterales que las audiencias desarrollan con figuras mediáticas.
No significa que todas las personas que siguen a un creador tengan una relación parasocial intensa.
Pero ayuda a entender por qué podemos sentir confianza hacia alguien que nunca hemos conocido.
El problema aparece cuando trasladamos esa cercanía emocional al terreno de la evidencia.
Que una persona nos resulte simpática no demuestra que sus afirmaciones sean correctas.
Que explique algo con seguridad tampoco significa que haya estudiado el tema.
Y que parezca auténtica no garantiza que esté mostrando toda la información relevante.
La confianza personal y la credibilidad profesional pueden coincidir, pero no son lo mismo.
Los influencers tienen una ventaja que muchos expertos todavía no dominan: saben comunicar

Aquí conviene reconocer algo importante.
Parte del éxito de los creadores no se debe solamente a los algoritmos.
También se explica por la manera en que presentan la información.
Muchos especialistas dominan asuntos complejos, pero utilizan un lenguaje difícil de comprender para quienes no tienen formación en ese campo.
Los creadores, por su parte, suelen construir explicaciones breves, visuales y cercanas.
Plantean preguntas que despiertan curiosidad.
Utilizan ejemplos cotidianos.
Evitan tecnicismos innecesarios.
Y consiguen que un asunto complicado parezca accesible.
Ser fácil de entender es una fortaleza real
No deberíamos despreciar esa capacidad.
Un investigador puede tener conocimientos extraordinarios y, al mismo tiempo, dificultades para explicarlos fuera de su especialidad.
Un buen divulgador puede facilitar que miles de personas comprendan algo que antes les parecía inaccesible.
El Instituto Reuters destacó precisamente esa ventaja al analizar los creadores informativos en su informe de 2026.
La cuestión no es que comunicar bien sea malo.
Es que la claridad necesita acompañarse de rigor.
Una explicación sencilla de un asunto complejo puede ser excelente.
Pero también puede ser engañosa si elimina los detalles que cambian por completo su significado.
Por ejemplo, afirmar que un estudio encontró una asociación entre dos factores es diferente de asegurar que uno causa el otro.
La segunda frase puede generar más impacto.
Pero si la investigación solamente demostró una relación estadística, convertirla en una causa comprobada distorsiona la evidencia.
La comunicación eficaz debería ayudarnos a comprender mejor.
No hacernos creer que cualquier cuestión complicada tiene una respuesta inmediata.
El algoritmo no pregunta quién sabe más, sino qué contenido puede interesarnos

Imaginemos dos vídeos sobre el mismo tema.
El primero está elaborado por una especialista que explica las evidencias disponibles, reconoce algunas dudas y aclara que todavía faltan investigaciones.
El segundo presenta una respuesta absoluta: «Todo lo que te dijeron sobre esto es mentira».
¿Cuál parece más emocionante?
La segunda publicación tiene una estructura diseñada para despertar sorpresa y curiosidad.
No significa que necesariamente vaya a conseguir más visualizaciones.
Pero demuestra una diferencia importante entre la lógica de la investigación y la lógica de muchos formatos virales.
La certeza resulta más atractiva que la incertidumbre
Los expertos responsables suelen decir cosas que no siempre funcionan bien como titulares:
«Depende del contexto».
«La evidencia todavía es limitada».
«No podemos establecer una relación causal».
«Los resultados varían según la población estudiada».
Son expresiones menos espectaculares.
Pero representan una parte fundamental del pensamiento científico.
En internet, en cambio, las afirmaciones categóricas pueden ser especialmente fáciles de compartir.
La persona que promete una respuesta definitiva puede parecer más convincente que quien reconoce los límites del conocimiento.
Y ahí comienza un problema.
La seguridad con la que se dice algo no es una medida de su verdad.
UNESCO encontró un problema preocupante entre los creadores de contenido
En noviembre de 2024, la UNESCO presentó un estudio sobre las prácticas y desafíos de los creadores digitales.
La investigación reunió información de 500 influencers de 45 países.
Entre sus resultados aparecieron dos datos especialmente relevantes:
- El 62 % de los participantes no verificaba sistemáticamente la información antes de compartirla.
- El 42 % utilizaba indicadores como los «me gusta» y las visualizaciones para juzgar la credibilidad del contenido.
Los resultados pueden consultarse en la iniciativa oficial de la UNESCO sobre creadores digitales y alfabetización mediática.
Es importante interpretar estos porcentajes correctamente.
No significan que el 62 % de todos los influencers del planeta publique información falsa.
Tampoco demuestran que cada contenido no verificado sea necesariamente incorrecto.
Se trata de resultados obtenidos entre los participantes de una investigación específica.
Pero sí muestran una preocupación real: algunas personas que distribuyen información ante audiencias importantes no aplican procedimientos sistemáticos para comprobarla.
Lo más interesante del estudio no es solamente el problema
La misma investigación encontró que el 73 % de los participantes quería recibir formación en alfabetización mediática e informacional.
Este resultado ofrece una perspectiva menos pesimista.
Numerosos creadores reconocen que necesitan mejorar sus herramientas para evaluar la información.
Por tanto, la solución no tiene por qué consistir en enfrentar permanentemente a influencers y expertos.
También puede consistir en acercarlos, mejorar la formación y establecer prácticas más responsables.
Salud: cuando un consejo viral puede tener consecuencias importantes
La salud es uno de los ámbitos donde resulta más peligroso confundir popularidad con conocimiento.
En las redes encontramos personas que explican nutrición, ejercicio, enfermedades, suplementos y hábitos de bienestar.
Parte de ese contenido puede ser útil.
Existen médicos, enfermeros, nutricionistas y otros profesionales que utilizan las plataformas para compartir información valiosa.
También hay pacientes que cuentan sus experiencias y ayudan a otras personas a sentirse acompañadas.
Pero una experiencia personal no equivale a una recomendación médica universal.
«A mí me funcionó» no significa «funcionará para todos»
Imaginemos a alguien que publica un vídeo diciendo que mejoró su salud después de seguir una rutina concreta.
Su testimonio puede ser completamente sincero.
Pero no sabemos necesariamente qué otros factores influyeron en ese resultado.
Tampoco conocemos si esa rutina sería adecuada para otras personas.
Las enfermedades, los tratamientos y las necesidades individuales pueden variar enormemente.
La Organización Mundial de la Salud trabaja en principios para ayudar a reconocer fuentes confiables de información sanitaria en redes sociales.
Además, en septiembre de 2024 anunció una colaboración con TikTok para promover información de salud basada en evidencia científica.
Eso demuestra que las propias instituciones sanitarias reconocen la importancia de estos espacios.
El objetivo no debería ser impedir que se hable de salud en internet.
Debería ser mejorar la calidad de lo que se comparte.
Y recordar algo fundamental: un vídeo puede servir para comprender un tema general, pero no sustituye una evaluación médica individual cuando esta es necesaria.
Finanzas: el peligro de seguir a alguien que parece haber descubierto cómo hacerse rico

Otro terreno donde los creadores han ganado influencia es el dinero.
Existen cuentas dedicadas al ahorro, la inversión, el emprendimiento y las finanzas personales.
Algunas explican conceptos valiosos.
Otras muestran estilos de vida lujosos y aseguran conocer métodos para generar ingresos de manera rápida.
Las redes permiten que muchas personas accedan a conversaciones financieras que antes parecían reservadas a especialistas.
Eso puede ser positivo.
Pero también crea oportunidades para afirmaciones engañosas.
El lujo no demuestra conocimiento financiero
Una persona puede aparecer conduciendo un automóvil caro y no tener una trayectoria verificable como inversora.
También puede obtener la mayor parte de sus ingresos vendiendo cursos, promocionando productos o realizando campañas publicitarias.
Eso no significa que todos los creadores financieros sean deshonestos.
Significa que deberíamos comprobar de dónde proceden sus conocimientos y qué intereses tienen cuando recomiendan algo.
Es especialmente importante desconfiar de promesas como:
«Gana dinero sin riesgo».
«Esta inversión siempre sube».
«Haz exactamente lo que yo hago y conseguirás los mismos resultados».
Ninguna de esas afirmaciones debería aceptarse solamente porque procede de una cuenta popular.
Una recomendación financiera puede implicar pérdidas reales.
Por eso resulta razonable contrastar la información y buscar asesoramiento profesional autorizado cuando una decisión lo requiere.
La publicidad puede convertir una opinión aparentemente personal en una estrategia comercial
Una parte importante de la economía de los influencers depende de las colaboraciones con marcas.
No hay nada inherentemente incorrecto en eso.
Los periodistas trabajan para organizaciones, los profesionales reciben salarios y muchos divulgadores necesitan financiar sus actividades.
El problema aparece cuando la relación comercial no se comunica claramente.
¿La persona recomienda algo porque funciona o porque le pagan?
Imagina un vídeo sobre un producto de cuidado personal.
El creador explica que lo utiliza constantemente y lo presenta como una de las mejores opciones disponibles.
Si existe un acuerdo comercial, conocerlo puede cambiar la manera en que interpretamos esa recomendación.
La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) recomienda identificar claramente las relaciones relevantes entre influencers y marcas.
Esto incluye pagos, regalos y otros beneficios que puedan influir en la evaluación del público.
La obligación legal concreta depende de la jurisdicción correspondiente.
Pero el principio general es sencillo: una recomendación comercial debería ser reconocible como tal.
Además, recibir un pago no convierte automáticamente una afirmación en falsa.
Un producto patrocinado puede ser excelente.
Lo que importa es que el público pueda evaluar la recomendación conociendo los incentivos que existen detrás.
La transparencia no elimina todos los posibles conflictos de interés.
Pero es un requisito importante para construir confianza.
En educación y ciencia, algunos creadores están haciendo un trabajo extraordinario

Hasta ahora hemos hablado principalmente de los riesgos.
Pero existe una realidad que no deberíamos ignorar.
Internet también ha creado oportunidades extraordinarias para la divulgación del conocimiento.
Hoy podemos encontrar profesores que explican matemáticas con ejemplos sencillos, investigadores que muestran experimentos y especialistas que responden preguntas frecuentes sobre sus campos.
Algunos han conseguido despertar vocaciones científicas entre estudiantes que nunca habían considerado determinadas profesiones.
Un especialista puede ser también influencer
Las dos categorías no son incompatibles.
Un médico que comparte información sanitaria basada en evidencia puede desarrollar una audiencia enorme.
Un historiador puede utilizar vídeos breves para explicar acontecimientos complejos.
Una ingeniera puede enseñar principios tecnológicos mediante ejemplos cotidianos.
En esos casos, la popularidad no reemplaza necesariamente el conocimiento.
Puede ayudar a distribuirlo.
También existen divulgadores sin una titulación específica que estudian rigurosamente sus temas, consultan fuentes y colaboran con especialistas.
Ser autodidacta no invalida automáticamente una explicación.
Del mismo modo, poseer un título no garantiza que todas las opiniones posteriores sean correctas.
La diferencia está en el método.
¿La persona comprueba lo que afirma?
¿Reconoce las limitaciones de su conocimiento?
¿Corrige errores?
¿Distingue entre hechos, hipótesis y opiniones?
Un buen divulgador no necesita parecer infalible. Necesita demostrar que se toma la verdad en serio.
Los expertos también tienen parte de responsabilidad en esta transformación
Sería demasiado cómodo culpar exclusivamente a los influencers.
Parte de su éxito refleja problemas que las instituciones y los especialistas no siempre han sabido resolver.
La información profesional puede resultar difícil de encontrar.
Algunas investigaciones están escritas en un lenguaje inaccesible para la mayoría.
Ciertos servicios especializados tienen costes elevados.
Y muchas personas sienten que sus preguntas no reciben respuestas claras.
Cuando aparece un creador que explica algo en un minuto, utiliza ejemplos comprensibles y responde con cercanía, el atractivo resulta evidente.
La autoridad ya no puede depender únicamente del prestigio
Un título universitario o un cargo profesional puede ser una evidencia relevante de formación.
Pero la confianza también requiere transparencia, claridad y responsabilidad.
Los especialistas no deberían sentirse obligados a competir por el vídeo más escandaloso.
Sin embargo, pueden aprender de quienes comunican bien.
Una explicación accesible no pierde rigor por utilizar palabras sencillas.
Y reconocer dudas no debería interpretarse como falta de conocimiento.
Las instituciones educativas, científicas y periodísticas necesitan participar activamente en los espacios donde está el público.
No para convertirse en espectáculos.
Sino para evitar que los temas importantes queden dominados únicamente por las voces más llamativas.
Información, opinión y experiencia personal: tres cosas que no deberíamos confundir
Una de las habilidades más importantes para navegar internet consiste en reconocer qué tipo de contenido estamos viendo.
No todas las publicaciones pretenden hacer lo mismo.
| Tipo de contenido | Qué puede aportar | Qué debemos comprobar |
|---|---|---|
| Información especializada | Explicaciones basadas en conocimientos y evidencia | Formación, fuentes y actualidad de los datos |
| Opinión | Una interpretación o postura personal | Argumentos, contexto y separación entre hechos y valoración |
| Experiencia personal | Testimonio sobre algo vivido | Si es representativo o aplicable a otras personas |
| Publicidad | Información y promoción de productos o servicios | Relación comercial, afirmaciones y posibles conflictos de interés |
| Divulgación educativa | Explicaciones accesibles de temas complejos | Precisión, fuentes y reconocimiento de límites |
El problema no está en que existan opiniones o experiencias personales.
Ambas pueden ser valiosas.
La dificultad aparece cuando se presentan como si fueran conclusiones científicas o recomendaciones universalmente válidas.
Un testimonio puede ayudarnos a comprender lo que vivió una persona.
Pero no demuestra automáticamente cómo funcionan todas las situaciones semejantes.
Una opinión puede invitarnos a reflexionar.
Pero no debería sustituir los hechos que podemos comprobar.
Siete señales para reconocer a un creador que merece confianza
No existe un método perfecto para determinar si alguien es confiable.
Pero hay señales que pueden ayudarnos a evaluar mejor sus contenidos.
1. Explica de dónde obtiene la información
No necesita incluir una bibliografía interminable en cada vídeo.
Pero debería ser capaz de identificar investigaciones, documentos o fuentes cuando hace afirmaciones importantes.
2. Su experiencia corresponde al tema del que habla
Un profesional puede tener preparación sólida en un campo y conocimientos limitados en otro.
La especialización importa.
3. Reconoce que no lo sabe todo
Desconfía de quien nunca expresa dudas y asegura conocer la respuesta definitiva a cualquier pregunta.
La incertidumbre puede ser una señal de rigor.
4. Distingue entre información y publicidad
Las colaboraciones comerciales deben comunicarse de forma clara cuando corresponde.
También importa reconocer otros intereses que puedan influir en una recomendación.
5. Corrige errores públicamente
Equivocarse no convierte automáticamente a una persona en una fuente poco fiable.
Negarse sistemáticamente a corregir errores sí debería despertar preocupación.
6. No promete resultados universales
Las afirmaciones como «funciona para todo el mundo» o «nunca falla» requieren una evidencia extraordinariamente sólida.
En cuestiones complejas, las respuestas suelen depender del contexto.
7. Invita a comprobar, no solamente a creer
Una persona confiable puede recomendar consultar otras fuentes, revisar estudios o acudir a especialistas cuando sea necesario.
No necesita convencer a su audiencia de que toda información externa es falsa.
La mejor señal de credibilidad no es que alguien tenga siempre una respuesta, sino que podamos comprender cómo llegó a ella.
¿Estamos dejando de pensar por nosotros mismos?
Existe una tentación muy humana: delegar las decisiones difíciles en alguien que parece saber más.
Eso no es necesariamente malo.
Consultar expertos es una parte razonable de vivir en una sociedad donde el conocimiento está especializado.
No podemos convertirnos en médicos, ingenieros, abogados, economistas e historiadores al mismo tiempo.
Necesitamos confiar en otras personas.
La diferencia está en cómo elegimos a quién escuchar.
Seguir a alguien no debería significar aceptar todo lo que dice
Podemos disfrutar de un creador y estar en desacuerdo con sus argumentos.
Podemos aprender de alguien sin considerarlo una autoridad absoluta.
Y podemos reconocer que una persona comunicó muy bien un tema, pero comprobar después sus afirmaciones en fuentes adicionales.
Esa independencia es especialmente importante cuando aparecen asuntos delicados.
Salud, dinero, decisiones profesionales, relaciones personales y cuestiones públicas pueden tener consecuencias reales.
Cuanto mayor sea el impacto de una decisión, mayor debería ser nuestro esfuerzo por verificar la información.
No se trata de desconfiar de todo el mundo.
Se trata de no entregar nuestra capacidad de juicio a la primera persona que explica algo con seguridad frente a una cámara.
El futuro no debería ser una guerra entre influencers y expertos
Quizá estemos planteando mal el debate.
No necesitamos elegir entre regresar a un mundo donde solamente las instituciones podían comunicar conocimiento y aceptar otro donde cualquier persona popular merece la misma autoridad que un especialista.
Existe una alternativa más interesante.
Los expertos pueden aprender a comunicar de manera más cercana.
Los creadores pueden mejorar sus prácticas de investigación y verificación.
Los medios pueden colaborar con especialistas y divulgadores.
Y las plataformas pueden desarrollar mejores herramientas para identificar contenido comercial y facilitar el acceso a fuentes confiables.
La colaboración anunciada por la Organización Mundial de la Salud y TikTok en 2024 muestra que las instituciones reconocen la necesidad de participar en estos entornos digitales.
Pero ninguna colaboración sustituye la responsabilidad individual de quienes publican contenido.
Tampoco elimina nuestra responsabilidad como audiencia.
La cuestión no es impedir que cualquier persona comparta lo que sabe.
Es evitar que la visibilidad se convierta automáticamente en una credencial profesional.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la gente confía más en algunos influencers que en expertos?
Los creadores pueden resultar más cercanos, accesibles y fáciles de entender. La exposición frecuente también genera familiaridad. Sin embargo, sentir confianza en una persona no garantiza que tenga conocimientos especializados o que sus afirmaciones sean correctas.
¿Un influencer puede ser considerado experto?
Sí. Existen creadores con formación profesional, experiencia relevante y conocimientos sólidos. Ser influencer y ser experto no son categorías excluyentes. Lo importante es comprobar que la preparación corresponde al tema tratado.
¿Los influencers están sustituyendo a los periodistas?
Han adquirido una presencia importante en el consumo informativo, especialmente entre audiencias jóvenes. Sin embargo, el Instituto Reuters encontró en 2026 que la mayoría de quienes se informan con creadores también utiliza medios tradicionales. Por tanto, el reemplazo no es total.
¿Es peligroso seguir consejos de influencers sobre salud?
Depende del contenido y de quién lo publica. La divulgación sanitaria puede ser útil, pero una recomendación personal o un vídeo viral no sustituyen una evaluación clínica cuando es necesaria. Conviene contrastar las afirmaciones con fuentes sanitarias confiables.
¿Cómo saber si un influencer está promocionando un producto?
Busca etiquetas de publicidad o patrocinio y declaraciones sobre colaboraciones, regalos o pagos. Las obligaciones concretas dependen del país, pero las relaciones comerciales relevantes deberían comunicarse de manera visible.
¿Tener muchos seguidores significa que alguien sabe mucho?
No necesariamente. El número de seguidores mide principalmente el tamaño de una audiencia, no la calidad de la evidencia ni la profundidad de los conocimientos. Una persona puede ser muy popular y equivocarse, o tener una audiencia pequeña y poseer una gran especialización.
Conclusión: el conocimiento no se mide en seguidores
Los influencers han transformado nuestra forma de aprender, informarnos y tomar decisiones.
Algunos han conseguido que temas difíciles resulten accesibles, han creado comunidades educativas y han acercado conocimientos valiosos a millones de personas.
Pero también han dejado al descubierto un problema importante: en internet, la capacidad de conseguir atención puede confundirse con la capacidad de ofrecer respuestas fiables.
Una persona puede tener millones de seguidores y no conocer suficientemente un asunto. Otra puede dedicar décadas a estudiarlo y apenas recibir unas cuantas visualizaciones.
Eso no hace que la primera siempre esté equivocada ni que la segunda tenga razón en todo.
Simplemente demuestra que la popularidad y el conocimiento son cosas diferentes.
Necesitamos creadores capaces de comunicar con claridad, especialistas dispuestos a participar en las conversaciones digitales y audiencias que sepan reconocer la diferencia entre una opinión convincente y una afirmación respaldada por evidencia.
Porque el verdadero problema no es que los influencers estén hablando de ciencia, salud, economía o política.
El problema comienza cuando dejamos de preguntar qué sabe una persona y solamente nos importa cuántas personas la escuchan.

MrNexo es el seudónimo editorial de Francisco Gomera Montero, responsable y editor de Creando Historias. Escribe y edita contenidos sobre cine, series, videojuegos, tecnología, historia y cultura popular buscando informar, entretener y ofrecer nuevas perspectivas de forma clara y accesible.
